viernes, 21 de mayo de 2010
EN LAS ESQUINAS CRECEN LOS TRIGALES
en el regazo de tus playas?
¿Cuánta luz ha bañado de arena
el verano de tus piernas?
¿De que le sirven los sueños
al mar, si éste no es
más que cuna de sal
tumba de ciegos
funeral de higos?
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viernes, 14 de mayo de 2010
LA TIBIEZA DE LA PALABRA
y el arrullo de la palabra sabia
para que la tibieza del Mapuzungún
me lleve al canto de los ríos
y a las piedras preciosas
que brotan del barro que pisas,
o a las náyades de agua dulce
que se tiran en la arena
como un reguero
de diamantes
que nacen, cual
rocío de la mañana,
de los verdes versos
del mar azul.
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jueves, 13 de mayo de 2010
LO QUE MIS OJOS VEN
que moja los luminosos
pies alados de Pelantaro,
es la trayectoria del salmón
a contracorriente de la flecha
que incendia un pastizal de rebeldías,
es la fuerza de la lluvia
en un campo de salvias
donde crece la palabra de la tierra
es el püilli, el espíritu del peñi,
del hermano Fermín,
que alcanzó la patria de los sueños,
sin una lágrima, sin una queja,
solo, sólo en compañía
de los que le “ayudan a sentir”,
es el llauquewén, el dar y dar
sin esperar recompensa alguna,
es el llanto del monte santo
que recorre los senderos
donde el cuerno de buey
muge su canto de guerrero,
es la aljaba repleta de saetas
que pende del hombro de Lautaro
quien tensa el arco de la historia
y clava un dardo envenenado
en la giba del canalla
haciéndolo tragar la soberbia
revuelta en la niebla de su propia sangre.
Lo que mis ojos ven
es al peñi Ernesto Huenchulaf,
que me brindó su fuego,
su pábulo y el calor de un camastro
en la piel viva de una noche fría
recamada de estrellas
que murmuran un salmo de lunas
y trastumban el silencio eterno
de la cordillera del Wallmapu.
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sábado, 8 de mayo de 2010
LO QUE IMPORTA ES EL CANTO DULCE
de las cosas invisibles,
no es el viento que baja
de las venas indias de la araucaria,
o el murmullo de los sueños que palpitan
en el corazón de los mapuche,
es la interpretación de un mundo
que descubro apenas
de tanto no verte,
de tanto no oír tu voz
de tanto no abrir la flor de tus pechos
en el relicario de mi pecho
de tanta ausencia de ti
de mi canto anegado de huesos y congojas,
porque casi pierdo el sabor de tu mirada
porque me gana la imagen de indio pobre
mexicano o araucano
que quema su nieve en el cráter
del olvido, o en el nomeolvides del Llaima,
del Lonquimay o el Popocatépetl,
nada importa,
a perpetuidad, sólo el dulce
ir y venir de tus caderas
sobre la desnuda lengua
de mi piel en agonía.
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jueves, 6 de mayo de 2010
¿CÓMO QUE NO SENTISTE EL TEMBLOR? ((II parte de una crónica inconclusa))
Hoy tembló exactamente a las 6:03 de la mañana en Concepción, 6.2º escala de Richter, en Temuco sólo 4 y tantos grados. “¿Cómo que no sentiste el temblor?”, me espetó por la mañana Guillermo cuando me habló por teléfono, no no lo sentí, pero si se movieron las camas de un lado a otro, no, la verdad no, le digo, dormí como un bendito huevón, dirían los temuquenses acertadamente. Todo el mundo lo comentaba, pero yo de veras, me cae de madre que no lo sentí.
Anoche fuimos al Premium, un bar de caché, con Carolina, del equipo de Guillermo, tome un pisco, más dulce que un mojito cubano. En ese lugar, cuenta Williamson, se decidía la suerte política de la localidad en el tiempo, no tan lejano, de la Concertación. “No Pisco ya no quiero, porque si no mi ‘diabólica’ se pone muy contenta”, me sirven un vinito, aaah, qué diferencia.
Pero siguiendo con el relato, como salí del Registro Civil una hora o dos horas antes me fui caminando a la UFRO, me esperaba Guillermo, quien me pidió de favor le tomara unas fotos para enviarlas quiensabedónde. Clic, clic, tastastas, clic, clic,clic, tastastas. Listo. Fotos de estudio, je, je, en su oficina/museo/bodega/salón de usos múltiples, etc. Fuimos de boleto a su casa a comer porque ya nos esperaban un grupo de maestros mapuche en el centro de Temuco. Me presenta con ellos, me reciben de buen modo. Sigue la plática/discusión. Dos horas y me voy. Quedé de ir con Alba a una fiestecita mapuche a las seis y media p.m. Tomo un taxi como en si estuviera en Nueva York, así se ve en las películas. Taxi, taxi y el taxi en saliendo uno del hotel inmediatamente se para. Bueno en realidad no fue así, pregunté a un transuente, digo transeúnte, luego a otro y a otro y de pronto ya estoy encaramado en un colectivo No. 25 (también el 24 y el 15 lo lleva a la UFRO, me dice el chofer), y es que tengo que ir al cubículo porque ahí tengo “Trigales” y “Tras las huellas de la Loba”. Cuando estoy a punto de bajar me Alba habla, digo, me habla Alba (es la primera vez que me sale un palindroma, je) para preguntarme si llevo el ordenador (nótese que elegante), sí, lo puedes llevar para ver las películas, porque para eso iba yo a la fiesta, había quedado yo en presentarles mis filmes. Lamenté que me pidiera eso Alba, pero ella no sabía que todo el puto día me la pasé cargando la computadora y ya me cansaba un poquito el hombro, además tenía que pasar todavía por mi cámara. Bueno ni pe...pe. Aproveché para decirle que mejor nos viéramos a las 7 porque ya casi eran las seis y no llegaría a tiempo. Tas tas voy por las películas. Tas tas corriendo paso por mi cámara de video. Tas tas taxi, Puerto Montt y Pratt, ahí me bajo. Ando como ropa interior de meretriz, parriba y pabajo. Llego a la esquina que domina. Cinco minutos espero mientras dos artistas callejeros hacen Chow. Es un saxofonista que toca excelentemente bien “Take Five” de Dave Brubeck. Su compañero con un cd en la mano ofrece al público en general su música grabada. Yo me animo, filmo no filmo, sale pues, filmo. Y filmé por cinco minutos. Gente que transita, noche, calle, banqueta, tienda elegante, mirones, etc. y todo lo que se ve en una esquina concurrida. No están solos, los ven, compran un disco, otros dejan un varo en una franelita que tiene en el piso. Buena onda. Me gustaron las tomas. En eso viene Alba. Beso. Todas las chilenas apenas te presentan y no te saludan de mano, te besan. Son muy besuconas. Incluso las mapuche... Tomamos un taxi y buscamos el domicilio. Está por las orillas de Temuco… (Continuará…).
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LA CERCANÍA DEL MAR
humedece mis recuerdos
que se acalandrian
en la transparencia
del cielo azul,
orita que no hay nubes
sólo azul, mucho azul
un azul sólo salpicado
por una parvada de mariposas
(¿mariposas?, si en el mar
sólo hay rosas, o gaviotas,
pero no mariposas, total),
y el mar toma el azul del cielo
y se me cuaja el azul en mis
ojos de árbol viejo
que parecen uvas
y ya no sé si es mar o cielo
lo que estoy viendo.
Lo que sí sé es que la cercanía del mar
te hace ver más nítida,
como un pescador
con la espalda ajada
que tira su red al infinito
atrapando mariposas
o las cuentas de un rosario
en la cresta de una ola,
o en una sábana de amor,
que para el caso es lo mismo.
No lo sé, te veo más nítida
como si pasaras aleteando claridades
por las agujas del silencio
o clavando un rumor de orquídeas
en el sendero donde los ciegos
derraman sus párpados
como versos, como gotas de agua
como marineros con fiebre
o como copas de vino.
No lo sé, pero, de la
forma que sea
el azul del mar
te acerca
más a
mí.
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SE ME SUBIERON LAS HUMAREDAS A LA CHOLLA Y YA ME SIENTO UN "HUMO SAPIENS"
Un humazo que recuerdo con sabrosura es el de la cocina de humo de mi casa materna donde mi mamá echaba tortillas nejas, memelas o tlacoyos en el comal de barro y hacía la comida en un tlecuil, que no es otra cosa que tres o cuatro piedras que soportaban el comal o las ollas y cazuelas. Este humo tenía un aroma de maíz tierno que, ¡aaahh que chingonería!, ver como se inflaban las tortillas como globos de cantolla (así con doble L) ¡y el sabor!, nada que ver con los discos terrosos de las tortillerías urbanas. Bueno ya me fui a remover recuerdos de mi infancia, adolescencia y de mi juventud todana.
Pero también hay otros humos que no son tan de buen talante como los mencionados antes. Primero, los incendios, que de ésos no hablaré mucho y que de ellos se encarguen los bomberos de Temuco situados a 100 metros de donde vivo y que del diario y sin falta, ora sí que religiosamente, y con exactitud, al medio día, o sea a las 12 horas, suenan sus sirenas como si fueran las campanas de mi pueblo. No sé si también tengan el sentido litúrgico de ellas pero de que suenan, suenan puntualmente. Segundo, hay algunas personas, que orita estoy dudando si en realidad lo son, que hacen de los humos su carta de presentación. Hacen uso de ellos en manifestaciones o marchas de protesta. Esos mefíticos fluidos, que usan esos represores perros sarnosos, son llamados gases lacrimógenos. Y en todos los países “civilizados” son utilizados con atingencia. Estos no solamente hacen llorar sino que tienen la encomienda de apendejar a quien lo respira para, enseguida, sorrajarles un macanazo. Estas bombas con esos gases lacrimógenas, mataron a Alexis Benhumea, en Atenco el 4 de mayo de 2006.
Estos perniciosos humos se complementan, entre otros con los jumos de los fumadores, pero de ésos el cáncer (¡uy, que miedo) se las cobrará todito, como lo dicen las cajetillas de cigarros de aquí de Chile que, al ver una por primera vez, me sorprendió tanto que pensaba que era de broma y que la marca era INFARTO, que inocente, en México, a lo más que llega la Secretaría de Salud es obligar a las cigarreras a ponerle en letras muy chiquitas: “Este producto puede ser nocivo para la salud”, leyenda totalmente inocua porque la gente, en primera, ni sabe qué quiere decir nocivo y, además, si es que llegara a saberlo, está la atenuante de “puede”, en fin que me parece bien esa advertencionsaza de los chilenos (ah, caray ¿así se escribirá?).
Todo esto viene a cuento porque acá en Santo Temuco de los Humos Nocturnos una de las primeras cosas que escuché por todos lados fue la queja de la contaminación de miles y miles de chimeneas que se juntan para hacer un tenue banco de niebla que medio airea y medio oxigena las gargantas profundas y el aparato respiratorio de los tehumoquenses que hacen soltar el moquerío como si estuvieran en el pegajoso Distrito Federal donde sí hay humos, pero humos de a de veras, de plomo, polvo y ozono. Ahorita, precisamente estamos en contingencia ambiental. Yo, casi urbanícola de una ciudad con 22 millones de habitantes y 2.5 millones de carros que echan jumo hasta por las orejas, la neta es que no he percibido esa contaminación de la que hablan los humeantes temuqueños. Y es que en verdad estos humos huelen a leña, a pino, a bosque, a montaña, hasta huelen bonito, tienen un aroma como la cocina de humo de mi mamá. Se ve que los temucanos no conocen el DFctuoso, también llamado por algunos Detritus Federal, o sea, México, Distrito Federal, allá de donde soy originario, que si de humos se trata, Temuco no le llega ni a las rodillas.
Ni aguantan nada mis carnales temuquenses, pues de tanto decir que ya se les subieron las humaredas a la cholla, a la tatema, o a la cabeza, ya algunos hasta se sienten “Humo Sapiens”.
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viernes, 30 de abril de 2010
Y AQUÍ EN ESTA TIERRA...
de prodigios tempranos
me restriego los ojos de
tanto asombro,
parpadea mi bosque
de tanta vida,
como un día cualquiera
en esta sombra
en esta niebla
en este sol
en este palo de lluvia
en estos labios húmedos
que chorrean lava y nieve
por sus comisuras.
La cordillera que se desprende
desde el espejo de un volcán
me habla de historias
de lonko y machi
de hombres y mujeres
que se desgajaron de su costilla
siguiendo la voz del Walmapu
del hombre sabio y guerrero,
conducidos por el Ngen Rüpu,
entrelazando las palabras sagradas
con sus manos engabanadas,
tomando mate, tomando aliento
tomando viento, tomando sueños
tornando una nube de banderas
en lanzas de fuego y hachas puño
para defender con su vida
la tierra madre
en nombre del padre, del hijo
y del espíritu Mapuche.
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jueves, 29 de abril de 2010
Y TODOS ME LO PREGUNTARON... ¿QUÉ HAGO AQUÍ?
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domingo, 25 de abril de 2010
NO HAY QUE SER DE MUCHO CACUMEN
No hay que ser de mucho cacumen para entender las veleidades del clima, el viento, el relámpago, el humo y sus virtudes, la lluvia y sus manos frías, las alitas rojas del copihue, el vuelo del cóndor, y el tricahue, la serenidad del río Cautín o el halo mágico del Bío Bío, para ello, sólo abrir los sentidos de par en par y sentir, vivir, palpar la piel de Temuco como si fuese el cuerpo de una mujer, transitarlo como se recorre el fino torso de la amada; evocar la epopeya de Alonso de Ercilla, pero también ponerse trucha, pelar bien los ojos y darse cuenta que la historia ya dio la vuelta y ya no es lo mismo Lautaro, Caupolicán, Tucapel, Galvarino, Colo Colo, héroes de la resistencia indígena, símbolos de la independencia y la dignidad, que derramaban valor por toda la Araucanía como si regaran sangre, ojos, sueños, flores, crisantemos, o un ramo de girasoles en la cumbre de la libertad, como si dijeran por aquí no pasan, porque aquí es el confín, la frontera y de aquí para allá es nuestro, y de allá pa más allá pueden ruñir, saciar su sed polvodeoro, su ambicio-nada codicia de riquezas, que nosotros tenemos algo más valioso que el oro y los metales del infierno, tenemos la fertilidad del sol y del agua, el catabático viento austral de la antártida, el ábrego y el favonio, el acorcelado camino de las nubes, el tutelar curso de los ríos, la orientación de la luna y las estrellas, la tierra y sus semillas divinas, la montaña y el ciervo, tenemos la riqueza de los sueños y el espíritu, porque somos distintos a la mezquindad y la arrogancia, somos mapuche, somos gente de la tierra, somos espíritu, somos lengua, somos hombres y mujeres apegados a la independencia y adictos a la libertad, lejos de la barbarie y sevicia de los conquistadores. Y como si dijeran eso los mapuche de ora ya no son los mismos de antes porque los de endenantes ya los convirtieron en calles, fechas y en equipos de futbol. Pero siguen siendo los mismos porque piensan igual que los de antes, entibiando la piel de la tierra a fuerza de auroras mapuche, porque no podrán, en verdad no exterminarán a mis padres que encontraron en el silencio de las flechas y el hacha luz, el verbo fuerza, el ojo lanza, la nieve aguila, el agua fuego, la victoria de la tierra.
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Y YO ACÁ Y TÚ ALLÁ CON TU VOZ DE CALANDRIA Y TERCIOPELO
Y YO ACÁ Y TÚ ALLÁ CON TU VOZ DE CALANDRIA Y TERCIOPELO
Acá, Temuco, Chile, 7º C aproximadamente, frío, pero de veras frío; allá, mi patria, cálida, pero cálida en toda la extensión de su mirada. Acá, acercándome más a la Araucanía, al País Mapuche (y todo acercamiento produce afecto), empezando a querer esta tierra, este clima, esta gente, a platicar con ella, a conversar con su naturaleza manejando el lenguaje universal de los sentidos y las sensaciones; y desde acá, extrañando mi tierra, muy de lejitos, más lejos que cuando me encuentro en Chapingo, intentando verla, escucharla, palparla, sentir en mis oídos su aterciopelada voz de calandria y cenzontle, atrapar los murmullos de su piel de maíz y trigo. Acá lluvia, mucha lluvia, de todos los tonos y de todos los montes, a todas horas, ¡órale!, yo con mi paraguas, la mayoría de la gente sin ella, porque la lluvia es fina, muy fina, que unas veces viene de Norte a Sur, otras de Este a Oeste, no es todavía el chorreante aguacero de Texcoco, es una llovizna tenaz pero no impertinente. En fin, y allá, sol, mucho sol, muchas risas, más allá que acá. ¿Eh...?, un cortejo con unas 50 personas, sólo la esposa llora, poco drama, es un sepelio gris y como en muchos sepelios empieza a llover. Entran a la iglesia, me desentiendo un poco/mucho del cortejo. Mero enfrente de donde vivo está la iglesia. Sigo escribiendo. Me empiezo a acostumbrar. Buen trato el de los chilenos. Ayer tomé posesión de mi cubículo en la Universidad de la Frontera, la UFRO. En la noche me invitaron a un bar, Guillermo Williamson, gentísima persona, y Jaime, el rector del Centro de Capacitación y Formación de la UFRO. Charadas, risas, buen rato: vinos, el Chavo del 8, ¡chale!, México, ¡aaah!, Los Charros de Lumaco ¡órale!, Brasil, José Alfredo, Lara, Lucho Gatica, Julieta Venegas, ¡ah caray!, futbol (el Chupete Suazo, Marcelo Salas, Zamorano, Quintano), y tantas cosas. A toda madre. Me siento un privilegiado. Soy un privilegiado.
Y mi Patria, allá, tan llena de sí, tan llena de mundo, tan llena de México, recogiendo, tejocotes y capulines; duraznos, fresas y frambuesas de los campos salpimentados de coches y alucines, y yo, tan acá que es más allá de Centroamérica ydeColombiayVenezuelayPerúyBolivia juntos, y más allá de Santiago de Chile, hasta acá en el País de los Mapuches que casi es lo mismo que la Araucanía pero que no es lo mismo, porque tampoco es lo mismo que Chile, pero que también es Chile, ¡que enredado!, porque los mapuches radicales reivindican esta tierra como "La gente de la tierra", porque eso quiere decir Mapuche (Mapu: tierra y Che: gente), y la reclaman para ellos, porque de ellos siempre fue. Lo fue desde antes de la llegada de los españoles, lo fue durante el período de la Conquista, lo fue durante la época de la colonización, lo fue antes que se formara la nación chilena y la argentina, lo fue durante 300 años en que resistieron a los conquistadores y nunca jamás ellos pudieron atravesar la Frontera del país mapuche para ocuparla y no fue hasta que el Estado chileno (y el argentino), a mediados del siglo XIX, con su ejército comenzó las expediciones punitivas a la región donde los sueños se anticipan a la realidad, porque en verdad los sueños son la palabra de los antepasados que se transmite por las noches, cuando el mapuche duerme, y entonces, decía yo, no fue hasta que esos ejércitos entraron sembrando dolor, tragedia y lágrimas para consumar en 1881 el despojo de sus tierras en un proceso “civilizatorio” destructivo, cruento y sanguinario. Y tú allá y yo acá... extrañándote con todos tus llanos, tus calores, tus indios, tus lenguas y tu música por más que aquí se escuche un madral de canciones mexicanas, y haya charros y mariachis, pero no tus nopales y magueyes, ni tu chile ¡vaya!, y sin albur, en este país que es todo Chile, sorprende que no haya chile, ni tus tortillas ni pan de dulce, ni tus tamales y tus tlacoyos, tampoco tus muertos, ni tu pobreza ni tus cuetes ni tus iglesias ni tus fiestas… Porque estoy en Temuco, al que ya empiezo a querer, porque como dije antes: todo acercamiento produce afecto… y como que siento que ya lo quiero, deveritas.
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lunes, 19 de abril de 2010
DE TEMUCO A TEXCOCO SÓLO HAY UNA DISTANCIA DE TRES LETRAS
Antes de llegar a TEMUCO había escrito esto:
"Voy en busca de lo mío, de esa raíz de indio pueblo que resistió 300 años el asedio de monarcas, virreyes y corregidores. Voy en busca del manifiesto de rebeldía de nuestros hermanos mapuches, del edicto de resistencia y guerra de la Araucanía que en el Anáhuac y en el Tahuantisuyo nos destruyeron con el pandemónium de la cruz, el turíbulo, la pólvora y la culebrina en el paraíso del Quinto Sol y del Tiempo Sagrado. Voy en busca de la ráfaga de flechas que atravesó la panoplia de acero y clavose en el pecho del conquistador, que se revuelca en el encono sangrante de su infame villanía.
"Voy en busca de la estela de fuego y del verbo herido a ver si con otros ojos otras manos otros sueños otros cielos se me devuelven las ganas de luchar".
Ahora ya estoy en Temuco y refrendo lo escrito hace unas semanas cuando aún estaba en Texcoco. Entendiendo ahora que entre Temuco y Texcoco sólo hay tres letras de distancia: TE (mu) CO-TE (xco) CO.
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